Ayuda

Abrí la puerta del baño, la vi y pegué un grito; no esperaba encontrarla así. Me acerqué. Vi sus muñecas ensangrentadas.

 —¡¿Qué has hecho?! ¡¡Voy a pedir ayuda!!
—No digas nada. Por favor, vete.

Yo misma, muchas veces, había pensado en eso. Entonces supe que la ayudaría y me fui.

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